Diez horas oyendo llorar a un niño son demasiadas horas. Si encima el niño no es tuyo y va sentado en el asiento de al lado en un vuelo transoceánico, el gota a gota de la tortura china queda en un mero cosquilleos comparado con esto.
¿Debería de hacer zonas separadas para quienes viajan con niños pequeños en un avión?
Este post lo tenía escrito desde hace meses y guardado en el cajón de borradores. Lo escribí a raíz de una encuesta publicada en el diario The Economist sobre cuáles era las actitudes de los compañeros de vuelo que más incordian a los viajeros de negocios, las que más les tocaban las narices.
Según el estudio, al 68% de los encuestados lo que más le molestaba era que el compañero se apropiara del brazo común del asiento. Para otro 32% eran los que se levantaban de su sitio antes de que se apagara la señal de desabrocharse el cinturón de seguridad. Y un 3% declaraba que lo que más le tocaba las narices era que alguién le leyera el libro o el periódico por encima del hombro.
A mi no me preguntaron, pero de haberlo hecho hubiera añadido: los niños que no paran de llorar en un vuelo transoceánico.
Pero mira por donde en el reciente viaje a Bahamas ocurrieron dos cosas que me animaron a desempolvarlo y publicarlo:
La primera fueron las diez horas de un vuelo Madrid-Miami al lado de un bebé de poco más de un año que no paró de llorar y berrear en toda la travesía. Una tortura. De haberse encontrado Herodes entre el pasaje lo hubiera contratado. Los padres trataban de calmarlo (lo peor de estas situaciones es cuando encima los padres se hacen los suecos), pero no hubo manera. Reconozco que diez horas encajado en un asiento es un trago duro para un bebé.
La segunda fue comprobar que en el ejemplar del USA Today (el periódico de mayor tirada de los EEU) que compré en Nassau el 23 de marzo, la cover story (reportaje de portada) de ese día se titulaba "Separate sections anyone?" y trataba sobre las molestias que causan los niños pequeños en los vuelos.
¡¡BIINGO!! No estaba solo. No soy un ogro comeniños. Ni un misántropo solitario que no aguanta a nadie. Resulta que hay más pasajeros que, como yo, se plantean el debate. En concreto, a un 59% de los usuarios de aviones, según una encuesta realizada por el portal Skyscanner, le gustaría que hubiera zonas separadas para familias. Otra encuesta del Business Travel & Meeting Show del Reino Unido entre 1.000 viajeros de negocios reveló que al 74% le gustaría que en algunos vuelos estuviera prohibido llevar niños pequeños en la clase Businees. Siempre según el reportaje del USA Today.
Existe incluso una página de Facebook dedicada este tema: Airlines should have kid free flights!. La creo Ian Burford y su contenido es abierto:
"Todos tenemos derecho a volar pero creo que debe de haber una cierta capacidad de separar por vuelos o por zonas a la gente que no quiere soportar la perturbación constante y molesta de un niño pequeño. La tecnología existe. Una casilla de verificación mientras se hace la reserva o una advertencia a la hora de reservar el asiento, tal vez. Yo solo quiero ser capaz de volar sin tener mi respaldo lleno de patadas, mi oído dañado o mi salud mental destrozada", dice Ian en la presentación de la página.
¿Sería posible hacerlo? ¿Quienes lo defienden son unos ogros intransigentes y devora-niños?
El debate está abierto.
Fuente: http://blogs.elpais.com/paco-nadal/2011/03/zonas-separadas-para-niños-aviones-problemas-con-niños.html
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